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Miriam Diaz Aroca

Míriam Díaz Aroca

Me siento realmente afortunado de poder dedicarme a lo que me dedico, que es lo que me gusta, y en particular a esta complicada, y para mi, apasionante disciplina fotográfica que es el retrato. El retrato es algo mas que hacer una fotografia, al menos en mi caso, me permite conocer a la persona, disfrutar de su conversación, escuchar sus vivencias, sus avatares profesionales y vitales, aprender de lo escuchado y acumular un sinfín de anécdotas y recuerdos en mi baúl. Todo este aporte extra, hace que cada vez me centre mas en mi trabajo y me ponga como tarea mejorar dia a día, tanto profesional, como personalmente.
Hoy he quedado con otro de esos artistas polifacéticos y enamorados de la profesión que tanto me gustan, por la energía y positividad que desprenden y transmiten.
Estoy esperando sentado, recordándome en mi juventud viendo a Miriam en sus primeras apariciones como presentadora y animadora en programas de entretenimiento infantil, o mas adelante, cuando aparecía en el popular programa “Un, dos, tres” de Chicho Ibañez, cuando suena mi teléfono. Es ella. Aunque hemos quedado en el restaurante de un amigo común, se ha despistado en la ruta y esto le va a hacer retrasarse unos minutos. Bueno, no hay prisa, la tranquilizo, te espero aquí. Sigo con mis reflexiones y me acompaño de una cerveceza fresquita para hacer mas llevadera la espera, que acaba veinte minutos después, cuando aparece sonriente en el vestíbulo del local.
En la mesa el tiempo pasa rápido, Míriam es una persona muy vital, habla de su trabajo con verdadera pasión y como ya he dicho, transmite energía y positividad. Pero sobre todo, me parece una persona profunda y sincera cuando habla, esto me da una primera pista. Quizás sea eso lo que tenga que buscar luego en el retrato
Aunque la conversación es como si nos conociéramos de hace mucho y el tiempo que me dedica se me hace muy agradable, ya tengo ganas de empezar con la sesión. Estamos de acuerdo en ello, así que nos desplazamos a un apartado donde estamos tranquilos y libres de miradas para poder concentrarnos en el trabajo.
Los pocos minutos que tardo en preparar el equipo, me acompaña y observa con curiosidad. Empezamos a trabajar, en cuanto termino de ajustar la luz, ya con ella sentada frente a mi. Míriam mira a la cámara con mucha naturalidad, y mientras disparo me ofrece varias expresiones y gestos de los que saco partido. Me gustan mas, cuanto mas sutiles y serenos, pero es  precisamente en su mirada donde busco esa sinceridad que transmitía durante la conversación en la mesa. Al cabo de unos minutos, serena y sincera, aparece Miriam… ClicK!

Fernando Sánchez Dragó

Cual grupo musical de culto, te apasiona o te molesta pero no te deja indiferente, y en el directo desprende algo que hace que sus adeptos sean auténticos incondicionales. Inteligente conversador, devorador de literatura a un ritmo que aun no acabo de asimilar, (capaz de leer mas de un libro diario) y poseedor de una biblioteca a la que, la mayoría de mortales, nos llevaría mas de una vida despachar. Desde hace años vengo fijándome en Dragó, desde el punto de vista del retratista que soy, o quiero ser de mayor. El azar y unos amigos comunes lo han puesto a mi alcance fotográfico y tras un par de conversaciones de móvil, me invita a visitarle y fotografiarle.
Hemos quedado en trabajar en su casa, por la tarde, a una hora prudente, ya que acostumbra a recogerse pronto. Por un malentendido llego media hora mas tarde de lo que debiera y me disculpo al darme cuenta -no te preocupes, me dice, haz lo que tengas que hacer. Pero por poco que quiera entretenerme tengo tajo para una hora larga, así que saltándome mi protocolo habitual de trabajo,no pierdo ni un minuto y empiezo a prepararlo todo nada mas entrar en el salón.
Aunque nacido en Madrid hace ya unos cuantos, proyecta muchos menos años de los que no oculta tener. Sentado con los pies sobre el sofá me ameniza con su charla el montaje de las luces, tiempo en el que intento recopilar la información que necesito para llevar a buen termino la sesión. Pero simplemente escuchándole, fijándome en gestos, ademanes, y con una personalidad extrovertida como la suya, creo que no habrá ningún problema para ello. Al cabo de unos minutos le pido que se levante del sofá y tome asiento en la silla que le he preparado frente a mi. Ajusto y mido luces y empezamos.
Después de unos cuantos disparos, noto que me falta algo, le pido que se ponga las gafas que tiene en la mano y ahora si, no tarda en aparecer un gesto muy suyo, levantando la mirada por encima de ellas, y entonces… ClicK

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Paco Arévalo

Hay artistas, grandes artistas, y luego hay otros, que además de grandes, marcan una época y pasan a formar parte de los clásicos. Algunos imborrables momentos de auténtica carcajada de mi juventud están claramente asociados a algunos de estos artistas, de manera que no puedo olvidarme de los geniales monólogos de Gila, no puedo tampoco olvidar los sketches de Martes y trece o Cruz y Raya, y por supuesto los chistes de Eugenio y el gran Arévalo, todos ellos clásicos ya del humor y casi de la familia en muchos de nuestros hogares. Arévalo ha marcado, para muchos de nosotros, toda una época con sus chistes y ahora con su inseparable compañero de gamberradas escénicas, Bertin Osborne, recorren todos los teatros del circuito español con las mismas ganas de hacernos reír.
Paco es valenciano y allí vive, pero hoy ha tenido el detalle de venir a Madrid, pasar unas horas conmigo para conocernos, y luego someterse a la indiscreta mirada de cámara y objetivo en una sesión fotográfica.
Le recojo en el hotel Wellington, en la madrileña calle de Velazquez, es casi la hora de comer y en Madrid ya empieza a ser hora punta, por lo que avanzamos despacio entre el denso tráfico. Los minutos del trayecto nos sirven de preámbulo, y aprovecho para ir satisfaciendo mi curiosidad con algunas preguntas sobre su vida y avatares. Llegando a nuestro destino y antes de entrar a la oscuridad del parking le pregunto:
-Paco, tu sabes lo que es un selfie? Quiero hacerme uno contigo.
-Sonríe, saca su smartphone y me contesta: Hombre claro! venga, y lo subimos al twitter ahora mismo, el mío es @arevaloOK, me sigues y yo te sigo.
Tras la inesperada contestación, disparo mi primer click de hoy con el móvil, mientras el coche de detrás pita impaciente. Aparcamos, subimos al restaurante y nos sentamos a la mesa
Comemos, charlamos y pasamos un rato estupendo en lo que puedo llamar mi cuartel general, Silk, el restaurante de mi amigo Cipri, haciendo tiempo para que llegue Andrea, mi ayudante, que se suma luego al postre y café.
Es momento, ahora si, de sacar partido fotográfico al tiempo que Paco me ha dedicado. La zona de copas, vacía durante el día, me sirve como siempre de escenario improvisado y tranquilo para la sesión. Una vez montado todo, coloco un taburete donde se sienta Paco, para así terminar yo de ajustar la iluminación: un solo flash y un reflector malabarísticamente colocado, me es suficiente para conseguir el efecto que quiero. Paco se ofrece a dedicarme varias muecas y gestos muy suyos, que me sirven para ir buscando lo que quiero, algo mas sutil, como ese gesto guasón y simpático tan característico que aparece ahora, y… ClicK!!

Emilio Gutierrez Caba

Emilio Gutierrez Caba

Emilio, actor con mayúsculas, pertenece a esa saga familiar cuyo apellido, los Gutierrez Caba, tiene un inconfundible sabor a cine y teatro, al que evidentemente no puedo ni debo obviar en mi galería. Bien es cierto que llevo tiempo queriendo hacerlo, fotografiarle, y que son ya varios los intentos fallidos a lo largo de estos últimos meses, casi siempre  por agenda de trabajo, que no por predisposición suya. Desde el primer día en que pude hablar con él, se mostró dispuesto a permitir mi indiscreción, y la de mi cámara. Por fin, encontrado ese momento, he quedado en visitarle hoy por la mañana en su casa, a eso de las once.
Me recibe de modo familiar, invitándome amable y sonriente a pasar y a descansar cuanto antes mi aparatoso equipaje.
-Déjalo donde quieras, Pepe, pasa echa un vistazo y decide donde quieres ubicarte para trabajar.
Estamos en una sala de estar donde lo que predominan son los libros, tanto en las repletas estanterías, como sobre la mesa donde se acumula de manera ordenada entiendo que la lectura presente y futura. Me ve fijarme en ello y aprovecha para recomendarme alguno de los títulos que aguardan turno. En la misma entrada descanso mi equipo a la espera de montarlo, algo que haré luego tranquilamente porque con mi llegada he interrumpido en la preparación de, a juzgar por el aroma, un delicioson té, Me ofrece acompañarle en la degustación, y acepto.
Contigua a la sala hay un pequeño y confortable salón donde nos sentamos frente a la infusión, rodeados de mas libros, y donde acometemos una distendida charla. Me ha dicho que no tiene prisa y eso me viene bien para, por llamarlo de alguna manera, preparar el terreno. Hablamos durante casi una hora entre sorbo y sorbo de un excelente té caliente, del que se confiesa gran amante. Aprovecho entonces para pedirle consejo sobre alguna marca y variedad y me sorprende con una extensa carta de la que se surte comprando por internet. yo anoto mentalmente.
Estoy tan gusto con mi anfitrión que me da un poco de pereza empezar a trabajar, pero ya va siendo hora.
En la sala de estar, apartando un poco la mesa y un par de sillas, para hacer hueco, y aprovechando el paso de la puerta y parte del pasillo, preparo ahora si, el escenario. Minutos después estamos en el ambiente de la luz de los flashes, y puedo empezar a disparar buscando el momento y gesto. Me ocurre lo mismo que antes, estoy muy cómodo y creo que Emilio también. No le he pedido nada especial, solo que sigamos con la charla, y yo iré buscando. Al cabo de unos minutos veo un Emilio muy cercano y sereno, y… ClicK

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Paco León

Paco tiene un pequeño local de trabajo en un céntrico y castizo barrio madrileño. Allí hemos quedado para vernos, y aunque me hubiera gustado tener antes un tiempo extra, como es mi costumbre, donde poder crearme la imagen de lo que voy a hacer y conseguir el ambiente propicio, ha sido imposible. En estos días está bastante ocupado y no ha podido aceptar mi invitación. Ya es bastante, desde luego, que me dedique una horita tal y como tiene la agenda.
Al principio me cuesta ubicar el lugar de la cita. Desde fuera nada lo identifica y al timbre no tengo respuesta, así que esperando no haberme confundido, me quedo delante del número y aguardo pacientemente. No pasan mas de dos tres minutos cuando en la misma puerta para un taxi, justo delante de mi, y de allí baja alguien… que se parece mucho a Paco. Tardo unos segundos en reaccionar y él se me adelanta.
-Pepe? -Si, hola Paco. Ahora si reacciono y nos saludamos con dos besos.
-Te esperaba aquí, pero no estaba seguro. Como no pone nada.
-Si es aquí, vamos, entra.
El motivo de mi extrañeza es que, como él mismo me explica enseguida, viene directamente de la peluquería. Le están caracterizando para una película que empieza a rodar en pocos días, y le han cambiado el look. Ahora Paco es moreno y con el pelo liso. Como iba yo a saberlo?
Una vez dentro y tras un rápido vistazo a las posibilidades del estudio decidimos montar en la salita mas interior, que es la que utilizan para ensayos. Me parece perfecta.
Nos ofrece un café, y aceptamos, como no. Mientras lo prepara y al tiempo que voy conversando y poniéndole un poco al tanto de como suelo plantear las sesiones y lo fácil que le va a resultar, voy montando el equipo tranquilamente. Luego tiene otra cita, pero tenemos casi dos horas por delante.
Con el café a mano sobre una mesita de apoyo y sentado frente a él, le observo para terminar de ajustar la luz, aún dura algo mi sorpresa y me ha cambiado la idea del retrato. Se lo digo, creo que por tercera vez ya, y se ríe.
-Yo tampoco me acostumbro, Pepe. Ademas hasta que no pasen unos días, me han dicho que esto no queda como debe.
En fín, pienso que no hay mal que por bien no venga, y lo extraño se convierte ahora en excepcional. Voy a retratar a Paco con una imagen nada habitual, desde luego.
Seguimos hablando y yo empiezo a disparar como hago siempre, cuando creo que veo la ocasión.  No me gustan en general las poses ni los gestos extremos, me gustan las miradas sinceras, y las sutilezas en el gesto. Ahora Paco me escucha, mientras distraídamente juega con el bigote. Ya lo ha hecho antes y no la he cogido, pero ahora… creo que la tengo… Click!

Inaki-Gabilondo_foto pepe castro

Iñaki Gabilondo

Cuando uno pronuncia la palabra periodista, sin quererlo, acuden a nuestra memoria tres o cuatro nombres como referentes, que forman parte de la historia de la profesión y en algunos casos de la historia reciente de España. Yo desde luego tengo una pequeña selección de algunos que quiero tener en mi galería de retratos y este es sin duda uno de los principales.
He quedado en la sede de Prisa, en la céntrica Gran Vía madrileña, donde me espera Mari Sol que ha sido mi interlocutor para este asalto consentido en la agenda de Iñaki.
Al llegar allí, Mari Sol me acompaña a su despacho, inmediatamente Iñaki se levanta a recibirme y me dedica un atento y cordial saludo en el que ya puedo atisbar lo fructífero de la jornada. Acto seguido, me ofrece un café, estoy casi en ayunas, así que acepto y aprovecho una vez sentado en su mesa, para en pocas palabras intentar transmitir lo poco que voy a pedirle y lo fácil que va a ser. -Pepe, no tengo problema, me pongo totalmente en tus manos. He visto tu trabajo y lo tengo muy claro.
Tras este break, decidimos preparar el escenario allí mismo; va a ser lo mas cómodo para los dos, él puede seguir despachando con sus compañeros los asuntos del día, mientras yo junto a ellos, voy montando tranquilamente y sin prisas. Poco después lo tengo todo a punto. Ahora si, nos quedamos solos, le siento frente a mi, bajo un poco los estores para poder hacerme una idea del efecto de la iluminación y dejar un ambiente mas tenue, termino de ajustar y medir, y estamos listos.
Nada mas empezar le pregunto sobre algunos temas que me interesan, de cara a conocerle un poco mejor, y no se como, pero la conversación va poco a poco centrándose casi en exclusiva en su familia. Me habla con verdadera devoción de sus padres y me cuenta algunos avatares y anécdotas de la infancia junto a sus hermanos. Cuando alguien te habla así de su familia, con tanta naturalidad, al poco de conocerte es que está cómodo y hay cierta complicidad en el ambiente, necesaria por otra parte, para conseguir un buen retrato. Prácticamente lo único que hago es escuchar y observar, disparando mi cámara en alguna que otra ocasión. Medio escondido detrás de la ventana del flash, también yo le cuento algunas cosas sobre mi y también él me observa y me escucha. ClicK!

Assumpta-Serna

Assumpta Serna

Amor a la interpretación, esfuerzo y trabajo a partes iguales. Pero además hablar 5 idiomas, y demostrar lo que vale una y otra vez aquí, e incluso mas lejos, al otro lado del charco, donde para la mayoría de nosotros es difícil siquiera soñar con tener una oportunidad. Una persona que tiene mucho que contar y de la que seguro, se puede aprender mucho escuchando. En definitiva una gran actriz. Es por eso que ardo en deseos de robarle un poco de su tiempo, para poder fotografiarla, y parece que lo voy a tener. Ha sido en “First Team” la fundación dedicada a la formación y excelencia de su profesión, que junto a su marido Scott Cleverdon, dirige con pasión desde hace unos años, donde ha querido que nos encontremos. Me he retrasado unos minutos esperando a Andrea, mi nueva ayudante, pero solo 10 minutos mas tarde de la hora prevista estamos allí. Después de preguntar por ella, me dicen que ha llamado, consciente de su cita y de que no llegaba a tiempo. -Podéis esperarla aquí, acaba de llamar, solo tardará unos minutos. Aprovecho pues, para curiosear una interesante biblioteca cinematográfica que tengo enfrente, esos minutos que necesita para llegar, que tampoco son muchos. Assumpta llega y se presenta sonriente, a la vez que se disculpa por el pequeño retraso. Repasa conmigo alguno de los libros que tengo entre las manos y me invita a conocer las instalaciones y método de la fundación donde trabaja. Mientras recorremos las instalaciones, voy buscando el lugar donde preparar la sesión y molestar lo menos posible. Es en una amplia estancia diáfana, junto a un pequeño plató, donde decido montar mis cosas. -Me maquillo, o… ? -Prefiero que no Assumpta, si acaso un poco de base y por mi parte es suficiente, pero si tu quieres, no me importa. -No! Genial! Yo también lo prefiero así, me dice. Me gusta la naturalidad. Voy montando allí mismo mientras ella se dá algún pequeño retoque en un camerino contiguo. Medimos luz y ya estamos listos, yo a un lado y ella al otro de la cámara. La noto muy cómoda, y eso hace que yo también lo esté. Su gesto mientras conversamos, es una sonrisa que hace que dispare varias veces mi cámara, intentando capturarla. La sesión va muy bien, tengo varias tomas que seguro que son buenas, pero voy a buscar algo mas. Cambiamos de postura, ahora totalmente frontal, quiero que mire directo al objetivo. No hace falta que le diga mas, lo hace con un gesto algo mas serio que dura solo unos segundos, otra vez la sonrisa se le escapa y… ClicK!

Luis Varela

Creo que lo que mas me gusta de esto de  fotografiar a personas, es la oportunidad que tengo, de hacerlo a gente con trayectoria, no es por nada, pero me llena mucho poder hacerlo a personajes a los que recuerdo, como a Luis, muy jovencitos y yo también, desde el blanco y negro en los televisores. Por eso cuando voy camino de esta cita, voy como un niño con zapatos nuevos.
Le recojo en Madrid, muy cerca de su casa. Hemos quedado en que vamos juntos, a pasar un tiempo comiendo, antes de meternos en faena con las fotos. Esto nos va a ayudar a ambos a conocernos un poco y crear el ambiente propicio para la sesión fotográfica que vendrá después.
Desde el momento en que montamos en el coche, empiezo a tirarle de la lengua, ya que me interesa mucho los recuerdos o anécdotas que puedan venir de su memoria escénica después de tantos años de profesión. Efectivamente, en absoluto me defrauda, ya que son muchas las historias que vamos hilando, una tras otra, mientras me cuenta como a ido batallando desde sus comienzos. Habla con calma y transmite serenidad, como quien sabe que ya no tiene que demostrar nada, que lo ha hecho con creces. Me encantaría poder plasmar eso en el retrato.
También me habla de su hijo, Cristian Varela. Algo que yo desconocía por completo es que resulta ser uno de los Dj´s mas cotizados del momento. Después de mas de dos horas de historias y anécdotas, paso a montar el equipo en un espacio que me prestan con cariño en el mismo restaurante. Luis me acompaña en todo momento y espera paciente mientras le utilizo para medir y colocar la luz propicia. No tardo mucho, pero necesito algo de tiempo, hasta que veo lo que me gusta..
Empiezo la sesión disparando muy poco al principio y manteniendo viva la conversación, para poco a poco ir hablando menos y centrándome mas en el momento de apretar el disparador. Ahora sentado con las piernas cruzadas y apoyado tranquilamente, me mira con una muy leve sonrisa, y creo ver lo que busco, esa mirada serena de aquel que sabe que tiene los deberes bien hechos.
Enfoco y… ClicK!

Javier Gurruchaga

Javier Gurruchaga

Javier Gurruchaga – fotografia, Pepe Castro

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a Javier. Fué sobre un escenario en Malasaña, allá por los 80. Con una chaqueta a grandes cuadros blancos y negros y la cara maquillada de blanco, cantaba un divertido tema cuyo estribillo decía “Ponte Peluca“, aderezado con movimientos eléctricos y gestos histriónicos. Yo era un jovencito que vivía la emergente movida madrileña con énfasis y comprendí enseguida que alguien así no iba a quedarse en conciertos de barrio y que a buen seguro debía seguirle la pista. Efectivamente, a ese primer álbum, siguió otro no menos curioso “Viaje con nosotros” y luego otro… empezaron las apariciones televisivas en programas como la Bola de Cristal entre otros, y Javier se convirtió en una especie de irreverente showman de moda. Después vino el cine con apariciones en un montón películas, pero sin dejar nunca su banda “La Orquesta Mondragon”. Ahora, y tras haber hecho prácticamente de todo, en los últimos años se ha atrevido también con el teatro.
He quedado con Javier en su casa, hoy voy solo y bien cargado para variar, pero voy mas que encantado de poder pasar un par de horas con él. Así pues al llegar al portal llamo al telefonillo -Sube Pepe, le escucho decir
Me abre él mismo invitándome a pasar. Nada mas entrar me llena el olor a libros, ese olor a papel de libros almacenados, como cuando entras en una libreria anticuario. Para llegar a la sala donde trabajaremos hay que atravesar el salón, esquivando libros y discos apilados por todas partes en torres, que desde el suelo me llegan casi por la cintura. Las estanterías que veo están literalmente saturadas, y los pocos huecos que quedan están tapizados con pósters y fotografías. Todo es como un curioso bazar en el que dan ganas de ponerse a rebuscar porque sabes que vas a encontrar muchas, pero muchas joyitas.
-Javier. Tu sabes realmente todo lo que tienes aquí? -Bueno… si, mas o menos. Alguna vez tengo que volver a comprar un libro… aunque sé que lo tengo por aquí en alguna parte.
Mientras monto el equipo hablamos de fotografía, le gusta y conoce a bastantes fotógrafos. Pone música, un disco de Sonny Rollings y eso da pié a que también hablemos de jazz, y de ahí es inevitable que pasemos a hablar del gran fotógrafo del jazz, William Claxton. -Pues en alguna parte tengo un libro suyo “Jazz Life” -Lo conozco, le digo. Desaparece unos minutos, vuelve con el libro en la mano y mientras miramos algunas de esas viejas e increíbles instantáneas del maestro, me dice -Pues también tengo un sombrerito de la época, te parece que me lo ponga para las fotos? -Genial!
Estamos ya en plena sesión, y aunque reconozco que es fotogénico y tiene muchos recursos, estoy buscando algo personal. Me gusta cuando abre mucho los ojos en un gesto suyo, mezcla de sorpresa e ironía, pero no lo quiero forzar, prefiero buscarlo a través de la conversación y seguir disparando hasta que… ClicK

Pepe Rodriguez Rey, foto pepe castro

Pepe Rodriguez Rey

Conozco a Pepe hace ya tiempo. En los últimos 10 años aparte de encontrarmelo en mas de un tinglado gastronómico, he ido a degustar sus recetas, tanto por trabajo como en tiempo de ocio con amigos, pero evidentemente, siempre por placer
Junto a su hermano Diego forman un tándem perfecto para sacar adelante El Bohio, restaurante que abriera su padre en los años 70, sin imaginar que terminaría convirtiendose en un galardonado, pequeño templo de la gastronomía. Diego cara al público y Pepe en los fogones.
Hace años les fotografié juntos, en mi estudio, publicándolo después en una sección que por entonces tenía yo en ABC. Ahora y debido a su merecida fama en el exitoso programa de televisión Master Chef, Pepe tiene demasiados compromisos, y es cuando mas trabajo nos cuesta encontrar el momento para esta pequeña, nueva sesión fotográfica. Es después de tres o cuatro meses de mensajes y whatsapps que conseguimos citarnos. Yo intento que sea en terreno neutral para tener mas tiempo y a Pepe mas centrado, pero no puede ser, demasiadas cosas que hacer, me dice. Quedamos en el restaurante.
Llego al Bohio a la hora en punto, pero me lo encuentro aún cerrado. Por si las moscas llamo a Diego para ver si está sobre aviso de mi visita. -Hola Pepe, yo no se nada, es que estoy de vacaciones, pero empuja la puerta que seguro que están dentro.
Dicho y hecho, entro y pregunto a los empleados que están ya preparando la jornada, pero tampoco saben a que hora llega su jefe, así que decido ir descargando y ganando tiempo. Mientras voy hacia el coche recibo la llamada de Pepe, excusandose por el retraso y avisándome de su llegada en dos minutos.
Una vez allí necesito mover un par de mesas para ubicarme y así se lo indico. Pepe asiente con un gesto despreocupado mientras atiende al teléfono. Termino de preparar luces y fondo, mientras camareros y cocineros comen sin hacernos caso, antes de abrir al público, a pocos metros de nosotros.
-Así de calle, o me pongo la chaquetilla de cocinero? me pregunta al terminar la llamada -Mejor la chaquetilla, le contesto.
Ahora Pepe se sienta en un taburete bajo, casi de juguete, que le he preparado y se apoya en la pared blanca. Disparo mi cámara, sin darle importancia, sin prisa, parando para seguir con la conversación y entre frases disparo de nuevo buscando el gesto preciso. Su teléfono sigue sonando, me mira y sonríe con picardía. Nos conocemos hace mucho, estamos cómodos, no necesitamos mucho empeño para que el clima de trabajo sea bueno y menos para sacar la picardía y la sonrisa de este genio, al que si podemos pedirle mas de tres deseos… siempre claro, que sean culinarios. ClicK!