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Rosa Valenty

Hace unos meses, durante una visita a La LiVrería, un conocido espacio para la cultura y el ocio en Madrid, me encontré con la actriz Rosa Valenti. -Pepe, ven que te voy a presentar a Rosa, me dice Angel, el propietario. Mientras hace las presentaciones, mi memoria viaja rápidamente a los años en los que en el cine junto a los grandes de la época, Rosa desplegaba todo su potencial, o los momentos en que aquella rubia vedette quitaba el hipo a mas de uno, mientras sobre el escenario caminaba y cantaba. -Que guapa está, pienso para mi, pero no lo digo. Acabo de conocerla y no tengo confianza con ella. Tras el tiempo que dura un café, acordamos vernos de nuevo en breve. Me apetece que me cuente mas cosas de su carrera, y de paso si ella quiere, incluirla en mi galería de retratados. -Me apetece mucho, Pepe, me dice; así que dejamos abierta la cita para otro dia.
Esa mañana la recojo en su casa, y juntos vamos hacia Silk, el restaurante de mi buen amigo Cipri. El día está soleado pero no hace demasiado calor, por lo que a los dos, la idea de comer en la terraza nos parece estupenda. Allí arriba, bajo una gran sombrilla y con unas bonitas vistas del norte de Madrid tenemos ocasión de conocernos mejor y crear el buen ambiente que necesitamos para después; y a mi por supuesto, me permite ademas observar antes de fotografiar. Es una mujer elegante en las formas y movimientos, muy segura de si misma cuando habla y sobre todo con una actitud muy positiva ante la vida. Creo que vamos a tener un gran retrato
Después de una corta sobremesa, el tiempo se nos va echando encima, así que nos desplazamos tan solo unos metros, a un salón interior, donde tengo a medio preparar el pequeño set que voy a utilizar para la sesión. Mientras termino de montar lo necesario, Rosa desaparece para cambiarse de ropa y darse algun pequeño retoque. Aparece casi al mismo tiempo en que estoy midiendo la luz, y la invito a sentarse para terminar de hacerlo.
Sentada ahora frente a mi, en una mesita baja, juega con la cámara con mucha soltura. Miradas pícaras y alguna pose sensual y coqueta. Está cómoda conmigo, se nota y me gusta; yo también lo estoy.
Unos minutos mas tarde, decidimos hacer un nuevo cambio. Me ha enseñado antes de empezar una blusa que pienso ahora, le puede dar un toque mas elegante al retrato, y la invito a probar con ella.
Tras el pequeño break, volvemos al trabajo. Ahora de pié y con aire mas sereno, Rosa me brinda esta otra faceta que me convence aun mas, la de mujer madura, segura y elegante que es… Click!!!

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