Pepe Rodriguez Rey, foto pepe castro

Pepe Rodriguez Rey

Conozco a Pepe hace ya tiempo. En los últimos 10 años aparte de encontrarmelo en mas de un tinglado gastronómico, he ido a degustar sus recetas, tanto por trabajo como en tiempo de ocio con amigos, pero evidentemente, siempre por placer
Junto a su hermano Diego forman un tándem perfecto para sacar adelante El Bohio, restaurante que abriera su padre en los años 70, sin imaginar que terminaría convirtiendose en un galardonado, pequeño templo de la gastronomía. Diego cara al público y Pepe en los fogones.
Hace años les fotografié juntos, en mi estudio, publicándolo después en una sección que por entonces tenía yo en ABC. Ahora y debido a su merecida fama en el exitoso programa de televisión Master Chef, Pepe tiene demasiados compromisos, y es cuando mas trabajo nos cuesta encontrar el momento para esta pequeña, nueva sesión fotográfica. Es después de tres o cuatro meses de mensajes y whatsapps que conseguimos citarnos. Yo intento que sea en terreno neutral para tener mas tiempo y a Pepe mas centrado, pero no puede ser, demasiadas cosas que hacer, me dice. Quedamos en el restaurante.
Llego al Bohio a la hora en punto, pero me lo encuentro aún cerrado. Por si las moscas llamo a Diego para ver si está sobre aviso de mi visita. -Hola Pepe, yo no se nada, es que estoy de vacaciones, pero empuja la puerta que seguro que están dentro.
Dicho y hecho, entro y pregunto a los empleados que están ya preparando la jornada, pero tampoco saben a que hora llega su jefe, así que decido ir descargando y ganando tiempo. Mientras voy hacia el coche recibo la llamada de Pepe, excusandose por el retraso y avisándome de su llegada en dos minutos.
Una vez allí necesito mover un par de mesas para ubicarme y así se lo indico. Pepe asiente con un gesto despreocupado mientras atiende al teléfono. Termino de preparar luces y fondo, mientras camareros y cocineros comen sin hacernos caso, antes de abrir al público, a pocos metros de nosotros.
-Así de calle, o me pongo la chaquetilla de cocinero? me pregunta al terminar la llamada -Mejor la chaquetilla, le contesto.
Ahora Pepe se sienta en un taburete bajo, casi de juguete, que le he preparado y se apoya en la pared blanca. Disparo mi cámara, sin darle importancia, sin prisa, parando para seguir con la conversación y entre frases disparo de nuevo buscando el gesto preciso. Su teléfono sigue sonando, me mira y sonríe con picardía. Nos conocemos hace mucho, estamos cómodos, no necesitamos mucho empeño para que el clima de trabajo sea bueno y menos para sacar la picardía y la sonrisa de este genio, al que si podemos pedirle mas de tres deseos… siempre claro, que sean culinarios. ClicK!

Carlos-Iglesias_foto-pepe-castro

Carlos Iglesias

Llevo varios días intentando crear un nuevo post, últimamente me faltan horas en el día para cerrar todos los frentes que insensatamente voy abriendo, pero hoy parece que la jornada me da un respiro y tengo la tranquilidad suficiente para hacerlo. Un poco de bossa, y me pongo a ello.
He quedado con Carlos en la plaza de la Moraleja, ya que es un lugar que los dos conocemos y cercano a donde vamos a comer para conocernos antes de la sesión fotográfica. Llego yo primero, hace calor dentro del coche, por lo que decido salir y aprovechar una suave brisa que corre, mientras espero y vigilo los coches que van llegando. Suena el teléfono, veo que es él. -Ya estoy aquí, Pepe, me dice. Rápidamente echo un vistazo a la plaza, intentando identificarle en el interior de alguno de los coches que hay allí parados, pero no lo consigo. -Yo también estoy, le contesto, pero no te veo. En ese momento cambia el tono, y bromeando con el registro de voz de su popular personaje “Benito” contesta, mira pátrás maaacho. En efecto, me ha reconocido y allí está haciéndome señas desde dentro.
Una señora pita algo enfadada porque le bloqueamos el paso mientras nos saludamos. Decidimos que yo iré delante haciendo de guía con mi coche ya que “me conozco perfectamente el camino, que está a solo 10 minutos”
Rápidamente nos ponemos en marcha, arrancamos, me pierdo, quedo fatal, y veinte minutos después llegamos al restaurante.
En la mesa desde el principio prima la cordialidad y, el buen rollo. Hablamos de mi sentido de la orientación, de comida, de amigos, de la familia, de fotografia, y como no, de su nueva película, “Dos francos, cuarenta pesetas” y lo dificil que es dedicarse a este mundo en estos días. Me parece una persona ante todo sincera y muy, muy cercana. A eso hay que sacarle partido… fotográfico. Cipri se acerca casi al final de la comida, y nos saluda, para rápidamente desaparecer en sus labores de director del local.
Estamos ya en ese momento en que o empezamos a trabajar o nos vamos a echar la siesta. Decidimos que lo primero es lo mas sensato, o no, pero nos ponemos a ello.
Tengo ahora a Carlos frente a mi cámara, fondo blanco y luz suavemente contrastada. Quiero que por un momento se olvide del actor, del director, hasta del fotógrafo y la cámara, y mire al objetivo traspasandolo con esa sinceridad con la que me ha tenido casi tres horas retenido a la mesa.
Si, así, con esa… Click!